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Reportaje de El Mostrador aborda la precariedad laboral de los científicos sin contrato

Cuando la precariedad alcanza a la élite intelectual: el drama de los científicos sin contrato

Por: Marco Fajardo

Según una encuesta, entre los jóvenes científicos un 85% trabaja jornada completa, pese a boletear; un 33%, no tiene ningún sistema de salud; un 67%, no cotiza de ninguna forma; un 84%, no tiene seguro de accidente; y un 93% carece de seguro de invalidez o sobrevivencia. El sueldo promedio del grupo, la mayoría profesionales científicos sin doctorado, es de $ 500 mil.

Un fantasma recorre desde hace varios años la ciencia chilena. El fantasma de los jóvenes científicos que trabajan por proyecto, a honorarios, a veces cumpliendo horarios y e incluso marcando tarjeta, por años, por sueldos regulares o derechamente bajos, con jefes que se preocupan -o no- de esta situación: todo depende del lugar.

Eso sí, fuera del trabajo las consecuencias son comunes. Cotización baja o nula de AFP, en Fonasa (incluso como indigente) o ISAPRE, con dificultades para cosas tan simples como arrendar un departamento, abrir una cuenta corriente o sacar un crédito bancario. Ni hablar de proyectarse para tener un hijo.

Estas son las problemáticas que se explicarán en detalle en este nuevo artículo del ciclo “La Crisis de la Ciencia en Chile” y que acompaña la tercera entrega de la serie científica Mentes Brillantes y que se dedica al Premio Nacional de Ciencias Exactas 1993, el matemático y físico Eric Goles.

Precariedad

“La precariedad es más bien generalizada en muchos aspectos”, dice Natalia Muñoz, líder del movimiento Científicos con Contrato, que data de 2014 y tiene 1.500 adherentes. “Más allá de que Chile no se caracteriza por tener una cultura de protección de los trabajadores, el tema de los profesionales científicos es bastante particular”.

“Hay que ser sinceros, con el presupuesto que Chile dedica a ciencia y tecnología con suerte podríamos tener dos universidades haciendo investigación de nivel mundial en condiciones óptimas”, dice. “Pero el país se las ha ingeniado para multiplicar los lugares donde se hace investigación incluyendo a todas las universidades del CRUCh más muchas privadas, haciendo malabares con el poco dinero que hay. Uno de esos malabares pasa por tener un número importante de profesionales dispuestos a trabajar por dos sueldos mínimos mensuales o menos y en condiciones precarias. En resumen, falta realismo y sobran las ganas de mantener una fachada de país científicamente sofisticado, con muchas publicaciones ISI, pero con tremendos costos ocultos”.

Una encuesta del movimiento realizada entre investigadores en 2014 reveló cifras aterradoras. Un 85% trabajaba jornada completa, pese a boletear; un 33%, no tenía ningún sistema de salud; un 67%, no cotizaba de ninguna forma; un 84%, no tenía seguro de accidente; y un 93% carecía de seguro de invalidez o sobrevivencia. El sueldo promedio del grupo, la mayoría profesionales científicos sin doctorado, fue de $ 500 mil. Muchos dependen de proyectos de la Comisión Nacional de Investigación Científica y Tecnológica (CONICYT), una entidad que no quiso opinar para esta nota.

Duros testimonios

Los casos se multiplican, pero pocos están dispuestos a hablar del tema. Muchos temen por sus puestos de trabajo. L., por ejemplo, es de Santiago, de una familia de profesionales. Estudió Psicología, hizo un Magíster y actualmente es candidata a doctora en una universidad pública, donde además hace docencia, siendo la primera de su familia en hacer estudios de posgrado. También hace clase en dos universidades privadas.

En la universidad pública donde trabaja tiene jornada completa, pero como es a honorarios no puede acceder “a los beneficios de bienestar, ni convenios colectivos porque no soy a contrata, soy a honorario. Cuando pregunté a recursos humanos qué beneficios tenía, sólo me dijeron que el de licencia médica y bueno… más encima tengo que marcar con huella la asistencia a la pega por si Contraloría (Universitaria) va a darse una vuelta para fiscalizar”.

“He tenido varios problemas para arrendar porque ahora en todos lados te exigen tener contrato a plazo fijo, o demostrar estabilidad laboral y para mí que no tengo contrato por todo el año es bien complicado. Por suerte un conocido justo arrendaba un departamento y lo tomé. ¡Te hacen problema hasta para arrendar estacionamiento!”, lamenta.

K. vive una historia similar. Es de Santiago, pero tras obtener puntaje nacional estudió Veterinaria en el sur. Se doctoró en una prestigiosa universidad norteamericana gracias a una Beca Chile y quiso volver a regiones para investigar, “pero no pude encontrar trabajo en otro lugar que no fuera Santiago. En general la investigación que no está necesariamente asociada a un lugar geográfico, se concentra muchísimo en Santiago”.

Actualmente trabaja en dos proyectos (un FONDEF y un FONDECYT) y hace docencia (en dos departamentos distintos de la Facultad de una universidad pública), todo a honorarios. A pesar de tener 31 años, aún no tiene AFP, y la Isapre se la paga ella.

Los inconvenientes por la precariedad se multiplican, tanto adentro como afuera. “Por ejemplo, no tienes voz ni voto en las decisiones de tu institución, no hay derecho a pataleo. No tengo oficina, pero igual para cumplir con mis obligaciones laborales tengo que estar todos los días en la universidad. No tienes derecho a licencias, ni a días administrativos, ni a vacaciones”.

Sin embargo, para ella la consecuencia más grave es la inestabilidad, porque aunque le gusta mucho su trabajo, sabe que cuando se acaben los proyectos se tendrá que ir. “Y si tengo un accidente o una enfermedad grave, no tienen ninguna obligación contractual, perfectamente podrían despedirme y sin indemnización ni nada”. Por lo mismo ha pospuesto tener hijos: no tiene derecho a prenatal ni postnatal, y tampoco fuero maternal. ¿Y cómo va a tener hijos si no sabe si va a tener trabajo para mantenerlos?

R. lo tiene un poco peor. Estudió biología en una universidad del sur, con un Magíster en la misma área y un doctorado de una universidad tradicional de la capital. Sin embargo, hoy está cesante, tras varios trabajos temporales.

“En Fonasa tengo categoría de indigente, siendo profesional. En la AFP tengo una cuenta casi vacía, ya que prácticamente no he podido cotizar. No he podido tener licencias médicas. No tengo casa, ni puedo postular a ello o a cualquier crédito”, revela.

Para R., trabajar boleteando se convierte en un círculo vicioso, porque cada vez que postula a un trabajo serio con contrato le piden acreditar experiencia y allí las boletas no sirven.

“No eres parte de una empresa a pesar que pongas todos tus conocimientos y habilidades por ‘tu’ empresa, no eres parte de ella. Asimismo estas tampoco están dispuestas a verificar que fuiste parte integral porque incumplen las leyes laborales al tener empleados de forma indefinida boleteando y sin contrato. En mi caso particular no he podido acceder a un buen trabajo a pesar de haber dirigido proyectos y grandes equipos, diseñado cursos y poseer 15 años de experiencia profesional”, lamenta.

“Creo que todos soñábamos con seguir la carrera académica, sin ver lo duro que es entrar a ella”, confiesa. Le entristece que hay muchos de “nuestros compañeros egresados viviendo en la miseria o derechamente abandonando el sueño de ser científicos pasando a ser visitadores médicos, vendedores, artesanos, orfebres o trabajando en call center”. Por lo mismo se plantea emigrar en caso de seguir igual.

S., en comparación, tuvo suerte. Es una bioquímica de regiones que actualmente realiza un Magíster en el laboratorio de una universidad de Valparaíso. Pudo comprobar su fortuna el año pasado, cuando tuvo un accidente en su trabajo.

“En el centro donde trabajo me pagaron todo el tratamiento, pero esto no ocurre en todos los lugares y es más probable que cada uno se pague el accidente de su propio bolsillo. Yo recién hace un par de meses comencé a cotizar en Fonasa por que durante muchos años no me alcanzaba para hacerlo”.

Para ella, el problema general de la precariedad es la completa desprotección, donde los profesionales se sienten en “tierra de nadie”, donde “no se aplican las leyes laborales, los sueldos en general son bajos y puedes estar eternamente trabajando a boleta de honorarios sin reconocer años laborales. Tampoco existes para el sistema bancario, por lo que obtener un crédito hipotecario es casi sacarte la lotería”.

Cuando se estudia “uno se imagina que una vez tenga el título sera contratado como en la gran mayoría de los trabajos, pero la realidad en muchas veces es triste y desalentadora. Esta realidad es aún más cruda en regiones, donde las oportunidades de trabajos y los sueldos se reducen drásticamente”.

Diagnóstico…

Consultado por el problema, Jorge Babul, presidente del Consejo de Sociedades Científicas de Chile, lo tiene claro. Hay una “ausencia de planificación en asignación de becas de doctorado en relación a las necesidades del país. No tenemos metas de desarrollo concretas”. Y la precariedad laboral genera una “desmoralización de los jóvenes científicos y preferencia por realizar estudios en el extranjero en vez de robustecer los programas de doctorado de nuestro país”.

Cecilia Hidalgo, Premio Nacional de Ciencias Naturales 2006, señala que los “científicos en precariedad” son básicamente “aquellos ayudantes de investigación, pagados por proyecto, en etapa de formación -haciendo un magíster o un doctorado- y consigue algo de ingresos trabajando en un laboratorio. Creo que la definición de ‘científicos’ no calza completamente porque no es gente que por sí sola lleve un proyecto. Es más bien personal de colaboración en investigación”, con jornadas que van de un cuarto, media o completa.

Aún así, el tema le preocupa. Hidalgo fue parte de la comisión presidencial “Ciencia para el desarrollo de Chile”, integrada por 35 especialistas y presidida por el economista Gonzalo Rivas, que tras seis meses de estudio entregó en julio de 2015 una serie de recomendaciones al gobierno de Michelle Bachelet. Allí Hidalgo abogó fuertemente para que los participantes de los proyectos de investigación tuvieran un trato laboral justo.

Sin embargo, su postura no tuvo una gran adhesión “porque creo que la mayoría de la gente que estaba allí no tenía conciencia de cuan serio es el problema para mucha gente que lleva varios  años trabajando en esas condiciones”, obligados a financiarse ellos mismos la jubilación y el sistema de salud, en una situación de inestabilidad.

“Queda a conciencia de cada investigador cómo tiene a la gente que contrata”, admite. En su grupo de trabajo trata de pagar sueldos dignos, que permitan a los ayudantes de investigación contratar “una buena salud como previsión. Además siempre les consideramos las vacaciones, porque nos parece justo. Pero no toda la gente tiene la conciencia de tratar bien a los que trabajan con ellos. Desgraciadamente, el sistema se presta para abusos”.

Nada de esto asombra a Muñoz. Ella atribuye la precariedad a una excesiva concentración de la investigación en las universidades; por otro lado, dice, los Institutos o Centros de Investigación del Estado se desfinanciaron o eliminaron a comienzos de los ‘80s para favorecer el actual modelo de subsidios, con lo que desapareció otra posible fuente laboral que sí existe en muchos países “que pretendemos imitar como Estados Unidos, Alemania, Finlandia, etc.”.

También culpa al modelo de financiamiento mediante proyectos concursables, el cual tercerizó prácticamente toda la actividad de investigación que hacen las universidades y donde los empleadores no tienen ningún incentivo o sanción efectiva para cumplir con las leyes laborales.

Aquí apunta principalmente a FONDECYT, que fue el primer programa de este tipo en Chile y sirvió de modelo para casi todo el resto de los instrumentos de financiamiento de CONICYT y otras agencias del Estado.

“Este modelo es muy bueno para los investigadores establecidos contratados en sus universidades, favorece también a las universidades con equipamiento y personal de investigación a un costo casi cero, pero ha sido nefasto para los que trabajamos como personal de apoyo a los proyectos”, denuncia. “Las universidades prácticamente ya no tienen personal de planta para trabajar con sus investigadores. Todo está ‘subcontratado’ vía proyectos concursables, y en las bases de estos concursos nunca se ha regulado explícitamente el tema laboral, como sí ocurre por ejemplo en los Fondart”.

Muñoz critica que tanto las universidades como los investigadores principales, en su calidad de empleadores, nunca se preocuparon en serio de estos temas básicos para el funcionamiento de sus grupos de investigación. Y que “miraron para el lado y la han sacado bastante barata en general”.

La educación convertida en una mercado de feria, donde se titulan profesionales sin campo laboral, ha hecho el resto.

… y soluciones…

En su opinión, en lo inmediato las soluciones comienzan por fijar condiciones laborales dignas en los fondos concursables.

En cuanto a soluciones de más largo plazo, a su juicio pasan por restablecer un balance en los mecanismos de financiamiento a la investigación. “Ojalá una vuelta a los centros de investigación estatales, y también privados, que sean independientes de las universidades, con un presupuesto suficiente y reglas claras de buenas prácticas para el trato digno de los trabajadores científicos. Igualmente importante es que la inversión privada independiente en proyectos de I+D aumente significativamente, creando nuevos nichos donde los trabajadores científicos se puedan insertar en condiciones adecuadas”, dice.

“Siempre hemos dicho que es deseable mantener líneas de investigación con financiamiento competitivo concursable, pero no puede ser esa la mayor fuente de recursos y no pueden estar casi por completo capturados por académicos como ocurre actualmente”, agrega. “Las universidades públicas debieran recibir un aporte fiscal directo bien reglamentado para la contratación de trabajadores que ejecutan investigación, y no sólo para pagar la luz, el agua, equipamiento e internet”.

Asimismo, estima que las universidades e instituciones privadas que quieran recibir fondos públicos para investigar deberían al menos garantizar suficiente financiamiento propio para cubrir la contratación de su personal de investigación en condiciones decentes. “El sistema de subsidio tipo FONDECYT, con un ítem laboral completamente desregulado, es una aberración que debe terminar”, reclama.

Sin duda hay modelos a seguir. Por ejemplo, Estados Unidos, “sin ser precisamente una república socialista, le ha entregado al Estado y sus universidades un rol fundamental en investigación. Lo mismo Alemania, Inglaterra y casi todo el mundo desarrollado”.

“En Argentina, volviendo a nuestra región, la agencia homóloga a CONICYT abordó el tema laboral a través de la creación de la Carrera de Investigador, con financiamiento estatal. México y Brasil siguieron un camino parecido, algo que aquí sería impensado. Otros países tienen estatutos especiales que regulan el trabajo en investigación y la gran mayoría simplemente cumplen las normas laborales que existen para todos los trabajadores”.

“Aquí creo que hemos explorado los límites del Estado subsidiario y la flexibilización del trabajo en áreas que no corresponden, y la investigación académica es una de ellas. Esto ha tenido algunas ventajas pero ha producido una serie de problemas de los cuales el tema laboral es uno de los síntomas más evidentes. Nos falta una visión más amplia y diversa para no seguir encasillados en un esquema que nos amarra los pies como país”.

“De alguna manera esa situación se tiene que resolver”, coincide la profesora Hidalgo, para quien es clave, por un lado, que las bases de los proyectos de investigación exijan condiciones laborales dignas para sus ejecutores. Pero además es necesario invertir más dinero en ciencia. “No queremos más plata para los científicos, sino desarrollar más ciencia porque eso es bueno para el desarrollo del país. No hay ningún país que haya transitado al desarrollo sin haber hecho una inversión importante en la generación de conocimiento”.

Fuente: El Mostrador

La ciencia en Chile merece más

Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación: ¿cuál modelo?

18 de julio del 2016
por Pablo Astudillo y Catalina Terra

Seguir el mismo camino claramente no nos va a ayudar a superar nuestros desafíos como país. Persistir en el llamado “modelo pilarizado”, con una propuesta de institucionalidad poco innovadora, con énfasis en la dimensión económica y que mantiene deficiencias históricas, sería seguir con “más de lo mismo”.

Es difícil concebir a la ciencia y la innovación como dos actividades aisladas. La ciencia nos provee conocimiento necesario para comprender nuestro mundo y nos entrega nuevas capacidades para resolver problemas. Por su parte, la innovación transforma esas capacidades en soluciones de mayor alcance e impacto. 

Hoy, la innovación ha dejado de ser un concepto vinculado solo con el mercado, abarcando ampliamente el ámbito social y cobrando cada vez más importancia para el sector público. 

Investigación e innovación deben convivir en espacios comunes, donde se valoren y respeten las diferencias. En términos de política pública, esto significa que ambas deben ser tratadas con similar importancia, y es por ello que debemos aspirar a que nuestra política de desarrollo científico –que debe promover todas las dimensiones de la investigación científica– tenga la misma importancia que la política de innovación, y que exista coordinación entre ambas.

Lea el artículo completo publicado en El Mostrador.

Logos Pensar Chile

COMUNICADO DE PRENSA : Investigadores nacionales invitan a la ciudadanía a Pensar Chile

COMUNICADO DE PRENSA

INVESTIGADORES NACIONALES INVITAN A LA CIUDADANÍA A PENSAR CHILE

Los científicos e investigadores del país, reunidos en el Consejo de Sociedades Científicas de Chile, la Fundación Más Ciencia, la agrupación Ciencia con Contrato (CCC), el  Movimiento Más Ciencia para Chile y la Asociación Nacional de Investigadores en Postgrado (ANIP) hemos elaborado un documento de trabajo donde identificamos algunos ejes fundamentales para el mejoramiento del sistema de ciencias, tecnología e innovación (CTI) en Chile.

El documento “Pensar Chile: ¿Cómo aumentar la contribución de la investigación científica al desarrollo humano, social, económico y sostenible del país?”, se basa en la necesidad de contar con una política nacional de CTI y una estructura organizacional coherente enfocadas en el desarrollo integral de Chile.

Este texto surgió con el fin de ampliar la visión entregada en el informe “Un sueño compartido para el futuro de Chile”, publicado por la Comisión Presidencial Ciencia para el Desarrollo en julio de 2015. Hoy lo ponemos al alcance de toda la ciudadanía a través del sitio web http://www.pensar-chile.org. Al ingresar, todos los interesados podrán no sólo leer el contenido sino que incluir sus comentarios, reflexiones y propuestas.

Hacemos un llamado a políticos, empresarios, investigadores de todas las áreas y a la ciudadanía en general a contribuir con sus ideas a las directrices que regirán al país en materias de ciencias y tecnología. A partir de hoy martes 12 de julio, el documento “Pensar Chile” queda a disposición para su discusión abierta entre todos los interesados como un aporte al debate público durante el proceso legislativo del Ministerio de Ciencia y Tecnología.

Mantendremos abierta esta plataforma hasta el 31 de agosto del presente año. Posteriormente, y tras un nuevo proceso de revisión, difundiremos el documento final donde se incorporarán las opiniones recogidas durante esta etapa.

¡PARTICIPA! http://www.pensar-chile.org

¡SE AGRADECE DIFUSIÓN!

Para mayor información, fotografías o entrevistas contactarse con:

Karla Henríquez Ojeda

pensamoschile@gmail.com

Teléfono: +56 9 78787643

Infografia universidades y empresas

¿Cómo es la relación científica entre empresas y universidades?

11 de julio del 2016
por Carlos González/Cecilia Yáñez

Universidades sólo atraen 21% de los recursos de ley que fomenta esta investigación. Planteles no han logrado seducir a las empresas para realizar I+D en sus instalaciones. Desde que se modificó la Ley de I+D las firmas optan por realizar estudios a través de sus propios laboratorios y científicos.

 

Según la última Encuesta Nacional sobre Gasto y Personal en Investigación y Desarrollo, en Chile sólo se invierte el 0,38% del PIB en I+D, lejos del promedio de 2,36% de los países  de la OCDE. El 32% del gasto nacional lo hace el sector privado, porcentaje que es de un 60% en los países OCDE.

“Hoy en Chile existe una relación universidad-empresa tremendamente inmadura, las universidades no hemos sido capaces de mostrar toda la potencialidad que existe de realizar proyectos de I+D con la industria y la industria no ha terminado de entender la importancia de la relación de largo plazo con las universidades”, dice Álvaro Ossa, director de Transferencia y Desarrollo de la Vicerrectoría de Investigación de la U. Católica.

El vicerrector de Investigación de la U. de Chile, Flavio Salazar,  dice que no cree que las empresas actuales sean capaces de generar la transformación de Chile a un país más tecnológico, porque no lo requieren. “Las grandes empresas en Chile no dependen para su competitividad en el mercado de la innovación”, dice.

Infografia universidades y empresas

Álvaro Acevedo, gerente de Innovación y Emprendimiento de la Sociedad de Fomento Fabril (Sofofa), gremio que agrupa a 4 mil empresas, explica que la baja inversión en universidades se debe a múltiples factores. Por ejemplo, todavía ocurre que muchas cierran en febrero y otras son tomadas por sus estudiantes.  “Desde el punto de vista de una empresa o un gerente de producción que decide hacer un proyecto de investigación en conjunto, eso no puede ocurrir”, explica.

Otro factor que distancia a las empresas es que los proyectos del Fondo Nacional de Desarrollo Científico y Tecnológico (Fondecyt), para el que los científicos necesitan conseguir  apoyo privado, no siempre coinciden con los intereses de la empresa.

Por estas razones, a las firmas les resulta mejor desarrollar I+D al interior de sus instalaciones, ya que tienen el control de todas las variables, laboratorios, científicos y propiedad intelectual, explica Acevedo.

Por ejemplo, Patrick Dempster, de la Noruega Aquagen, explica que si bien realizan estudios con universidades, otra parte lo hacen con capacidades propias, debido a la poca infraestructura para hacer investigación acuícola. Para ello cuentan con cinco profesionales destinados a I+D.

Fuente: La Tercera

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Red HUMANIORA difunde carta presentando molestia por el olvido hacia las disciplinas que representa.

Por qué  y para qué  las humanidades

Carta abierta de la Red HUMANIORA de Postgrado en Humanidades, Artes, Ciencias Sociales y Comunicación.

Diversos documentos que circulan pública o semi-públicamente, nos obligan  a expresar nuestra  profunda preocupación por el lugar que ocupan las humanidades, artes y ciencias sociales en la nueva institucionalidad ministerial que se está proyectando para las ciencias; agravado esto por  los relativamente pobres resultados de los concursos FONDECYT que han dejado un número significativo de buenos proyectos sin financiamiento.

Estamos convencidos de que no es posible pensar el futuro de Chile sin un fuerte incremento de los recursos para las actividades científicas y, dentro de ellas, para las disciplinas ocupadas de lo humano en sociedad. Estas expectativas debieran materializarse en un mejoramiento del presupuesto de CONICYT y de los diversos sistemas de concursos.  Si bien nuestras áreas están representadas por prestigiosos investigadores en los grupos de trabajo FONDECYT y en el cuerpo de pares evaluadores, reconocemos que los procedimientos de evaluación pueden y deben ser mejorados. Asimismo, reconocemos que el desarrollo de nuestras disciplinas se ha visto limitado principalmente por los escasos recursos existentes frente a la creciente demanda de fondos de investigación y becas para los programas nacionales de magíster y doctorado.

El desarrollo integral del país, que requiere de las ciencias y la tecnología, es sin embargo impensable sin el desarrollo de las humanidades, las artes, las ciencias sociales y las comunicaciones. Cualquier discusión sobre la institucionalidad presente y futura debe contar con la presencia de los especialistas representados en los programas de postgrado y en los centros de investigación de nuestras disciplinas. De la misma manera, el futuro de las ciencias requiere de un ministerio que dicte políticas de manera descentralizada, involucrando a las universidades existentes a lo largo de nuestro país e incluyendo a sus investigadores.

Reconocemos que la valoración de la especificidad de nuestras disciplinas, así como su valioso aporte al conocimiento, requiere de modificaciones institucionales no solo en CONICYT, sino también en nuestras universidades, que deben crear mecanismos para acoger un número mayor de investigadores altamente calificados y productivos que cuenten con la necesaria estabilidad laboral y condiciones adecuadas de trabajo. No es posible sostener la inconsecuencia de formar graduados que no puedan entregar su aporte al país. Es imperioso aumentar las becas y fondos de investigación, y a la vez integrar a los nuevos graduados en nuestras instituciones.

Adhiere aquí

Reportaje Revista el sábado

Becas Chile, CONICYT y la nula existencia de programas de inserción

Investigadores chilenos comparten sus experiencias de cómo es volver a Chile después de estudiar en el extranjero

10 de julio del 2016

En 2008, Carolina Ramírez, ya egresada de sociología de la Universidad Católica, había decidido estudiar un doctorado en sociología visual, en la Universidad de Londres. Tenía el convencimiento de que debía hacerlo si es que quería seguir una carrera académica. Fue parte de la última generación de la beca Presidente de la República, que ese año benefició a 109 postulantes a doctorados.

El año 2009 se eliminó ese programa y fue reemplazado por Becas Chile. Con el cambio, el número de becados se cuadriplicó: 444 personas se fueron ese año al extranjero a estudiar doctorados y 669 a estudiar magísteres. Un total de 1.113 beneficiados. 

 

El programa de Becas Chile ha jugado un rol clave en la formación de investigadores de postgrado desde su creación el año 2009. Según estadísticas de CONICYT, ha financiado los estudios en el extranjero de cerca de 5.400 investigadores de Magister y Doctorado (Ver estadística en Becas Chile Doctorado y Becas Chile Magister).

Evolución de Becas de Chile para Doctorado

Según las bases del programa publicadas por el Gobierno de Chile el 23 de octubre del año 2008, el objetivo de Becas Chile es formar capital humano avanzado en todas las áreas del conocimiento, sin excepción, para que los graduados, a su regreso a Chile, apliquen sus conocimientos y contribuyan al desarrollo científico, académico, económico, social y cultural del país.

Desde la creación del programa Becas Chile, diversas voces del mundo académico y político han sugerido una revisión profunda del programa Becas Chile. El año 2011, un comité conformado por miembros de la OCDE y el Banco Mundial publicaron un informe donde identificaban cuatro áreas de preocupación: su integración estratégica con las prioridades nacionales, la atracción y reinserción de graduados a Chile, la integridad y eficiencia operativa del programa en su conjunto, y los cambios de política y reestructuraciones institucionales que más convengan al desarrollo del capital humano avanzado en Chile.

A mediados de 2012, Ana Olivares, entonces de 39 años, psicóloga de la Universidad Diego Portales, estaba en pleno preparativo para dar un gran salto en su vida. Había quedado aceptada en un magíster en dinámica organizacional en la Universidad de Pensilvania, Estados Unidos. También se había adjudicado una beca Chile. Partiría con su marido y sus dos hijas, de 4 y 11 años, a vivir algo nuevo: a perfeccionarse.

En Pensilvania se ganó el premio a la mejor tesis de su generación, el premio al liderazgo y le dieron un trabajo con sueldo en la universidad. Por lo mismo, optó por quedarse un tercer año que la beca le permitía. Hasta que llegó el momento de regresar.

Antes de volver, mandó más de treinta currículos a Chile, por correo y a través de sitios webs de empleo. No recibió ninguna respuesta.

Mauricio Sáez, director de la Asociación Nacional de Investigadores en Posgrado (ANIP), considera que para la cantidad de becas que se dan no hay una planificación a largo plazo. “No hay una planificación de cuántas personas doctoradas necesita Chile, cuántas estamos generando, y cuántas de las que se necesitan realmente se pueden emplear en investigación”, dice.

Para este reportaje se consultó a Conicyt sobre cifras y programas de inserción de los que regresan al país tras estudiar con Becas Chile, pero prefirieron no contestar. Solo explicaron que están revisando el tema de la retribución de los becarios y políticas de inserción, recogiendo antecedentes y proponiendo algunos cambios al respecto.

Basado en el artículo “Volver a Chile tras estudiar en el extranjero” publicado en la Revista El Sábado del Mercurio el día 9 de julio de 2016 por la periodista Antonia Domeyko.

Screen shot nueva web

Re-lanzamiento página web, Agradecimientos e Informe Financiero

Estimad@s soci@s,

   Luego de finalizada la exitosa campaña de recolección de fondos mediante la plataforma Ideame (informe financiero al final de esta nota), agradecemos enormemente a todos los que colaboraron, gracias a ustedes podemos continuar la labor comunicacional de la ANIP con nuestra RENOVADA página web!! Los invitamos a visitar www.anip.cl y explorar el nuevo diseño que hemos desarrollado para ustedes. Esperamos que les guste y agradecemos sus comentarios y sugerencias para mejorarla aún más!!

   A continuación hacemos pública la lista de nuestros apreciados colaboradores, y reiteramos nuestro más sincero agradecimiento a cada uno de ellos:

Agradecimiento con mención honrosa y Newsletter*:
  • Daniela Domínguez
  • Javiera Herrázuriz
  • Ciencia 140
  • Carolina Ramírez C
  • Paulina Troncoso
  • Patricia Díaz Quezada
  • lhenriqo
  • Carmen Isolda Ojeda Contreras
  • Aldo Valcarce
  • Carlos Henríquez
  • María Isabel Reyes
  • KeNa GaYo
  • claulefi
  • Sebastián Fuentes Alburquenque
  • Carla Alvial Palavicino
  • Rocío Santander Meyer
  • Benigno Godoy Neira
  • Karla Henríquez Ojeda

* Aún estamos trabajando en el diseño de nuestro nuevo Newsletter, prontamente lo recibirán con una sección especial para nuestros colaboradores de honor!

Agradecimiento con mención honrosa:
  • Rocío Núñez Carrasco
  • Eduardo Fuentes
  • Rodrigo Veas
  • cagm8855
  • Miguel Peña
  • Jordana Rivero
  • Carolina Vera
  • Cristina
  • Alexa GF
  • María Paulina Soto Labbe
  • Faviola Molina
  • Paulina Petti
  • icmontaldo
  • Anita Maribel Arenas
  • Mauricio Sáez
Agradecimiento:
  • elenaprp
  • Felipe Martínez
  • Javiera Bahamonde Azcuy

 

Finalmente, compartimos públicamente un informe financiero actualizado del dinero perteneciente a la Asociación:

Para acceder al informe haz click aquí

Para acceder a los documentos de respaldo haz click en el nombre del documento en la siguiente lista:

 

Atte,

Directiva ANIP 2015-2016

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Consejeros de Fondecyt acusan problemas de gestión y falta de recursos

Consejeros de Fondecyt acusan problemas de gestión y falta de recursos

 Miembros de los Consejos de Ciencia y Desarrollo Tecnológico del programa más importante de Conicyt enviaron carta a científicos.

por Cristina Espinoza

La estructura técnica-administrativa de la Comisión Nacional de Investigación Científica y Tecnológica (Conicyt) es la misma desde su creación en 1967, cuando tenía 58 funcionarios. Pero hoy son 403 trabajadores, de los que el 2,5% tiene contrato, 43,1% a contrata y 54,4% a honorarios.

Del total, dice Arturo Pino, presidente de la Asociación de Trabajadores de Conicyt-Asfunco, 43 se desempeñan en el Fondo Nacional de Desarrollo Científico y Tecnológico (Fondecyt), el fondo más importante de los que entrega Conicyt. Pero sólo 24 hacen el seguimiento de los proyectos por arrastre y de los que postulan cada año (7.000). “Cada profesional tiene a su cargo la gestión o evaluación de unos 280 a 300 proyectos”, sostiene. Continue reading

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Convocatoria Ponencias II° Encuentro Comunicación y Cultura Científica 2016

CONVOCATORIA
II ENCUENTRO DE COMUNICACIÓN Y CULTURA CIENTÍFICA: ¿LO ESTAMOS HACIENDO BIEN?
Y
ASAMBLEA ANUAL ACHIPEC
VIERNES 28 DE OCTUBRE DE 2016 (09 A 19 HRS.)
ORGANIZAN: REDINCHE Y ACHIPEC
PATROCINA: ACADEMIA CHILENA DE CIENCIAS (SEDE)

Invitamos a profesionales e investigadores/as a participar en el II Encuentro Comunicación y Cultura Científica: ¿Lo estamos haciendo bien?.

Nos volveremos a reunir en este espacio de reflexión y diálogo, el cual girará en torno a la preguntas por la calidad, la efectividad y el impacto de la comunicación pública de la ciencia: ¿Qué son y cómo se miden?

Quienes estén interesados/as en presentar en este evento sus experiencias de evaluación de proyectos de divulgación o bien investigaciones académicas sobre evaluación de la comunicación y cultura científica deberán enviar un resumen de su ponencia al correo electrónico encuentrocpc2016@gmail.com.

EJES TEMÁTICOS:
 Construcción de Indicadores de calidad
 Valoración y medición de la cultura científica
 Aspectos cuantitativos y cualitativos de la comunicación científica
 Experiencias de evaluación de proyectos divulgativos
 Evaluación de la cobertura y el tratamiento de la comunicación pública de la ciencia
 Herramientas y metodologías transversales de valoración, evaluación y medición

FECHAS CLAVE:
 Envío de Resúmenes de Ponencias: hasta el 17 de julio 2016
 Resultados de ponencias seleccionadas: 5 de septiembre de 2016
 Inscripciones ponentes: hasta el 16 de septiembre de 2016
 Programa Final: 30 de septiembre de 2016
 Inscripciones oyentes: hasta el 7 de octubre 2016

VALOR DE LAS INSCRIPCIONES:
 Profesionales: $15.000 pesos.
 Estudiantes (pregrado): $5.000 pesos (estudiantes de pregrado que expongan en el encuentro están exentos del pago de inscripción)

Para consultas escribir a: encuentrocpc2016@gmail.com

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Cambio en requisitos de Becas Chile desata críticas entre expertos y parlamentarios.

Autora: Flor Guzmán C.

Pedían estar en un plantel dentro de los 150 mejores del mundo. En 2016 esto es “deseable”, pero no obligatorio. Desde Conicyt dicen que sólo es un cambio de redacción y que siempre ha sido un punto flexible.
Mauricio Sáez, director de la Asociación Nacional de Investigadores de Posgrado, apoyó el cambio de Conicyt, argumentando que siempre “ha existido flexibilidad en este punto” y explicó que, por ejemplo, “en algunos casos si no estaba tu programa en el ranking, se permitía que el patrocinante de la tesis del postulante fuera un científico destacado”. Para él, el verdadero problema está en que “no queda claro si tiene mejor puntuación estar seleccionado en una universidad de estos rankings, porque te dice que es deseable, pero no te dice cuantos puntos más puede significar”.

El año pasado los requisitos para postular a Becas Chile, tanto de magíster como doctorado en el extranjero, exigían “encontrarse aceptado o ser alumno regular” en  los planteles o programas de educación validados -medidos el llamado Ranking the Shanghai (Arwu) y Times Higher Education, (THE), las dos mediciones de educación superior más prestigiosas del mundo-, ya sea en la evaluación institucional (150 primeros lugares) o por área (top 50). De no ser así, se pedía acreditar la excelencia del plan del postulante con el respaldo de alguna otra valoración.

Sin embargo, la convocatoria 2016 estableció que estar en un ranking es un requisito “deseable”, lo que para muchos no es una buena señal, ya que no implica que el postulante esté obligatoriamente aceptado en un programa de calidad. Cabe mencionar que en la convocatoria de doctorado ya fueron asignadas las becas, mientras que las de magíster están en proceso de asignación.

Jorge Babul, presidente del Consejo de Sociedades Científicas, explicó que en un comienzo Becas Chile no exigía ranking, lo que a la larga se convirtió en un problema. “Con el tiempo nos dimos cuenta de que muchos iban a universidades que en calidad estaban por debajo de las chilenas”, contó, y enfatizó que, tras esto, la exigencia “se fue al otro extremo: pedía estar dentro de las 80 mejores del mundo”.

 Babul sostuvo que tras esto se decidió pedir estar aceptado entre las 80 y 150 mejores instituciones. Pero, según él, “con el cambio  de las bases 2016 de alguna manera se está volviendo al principio, cuando se iba a estudiar cualquier cosa a cualquier lugar”, enfatizó el investigador, remarcando que es central “asegurar que el programa, el área disciplinaria donde se va a perfeccionar, sea de muy buena calidad”.

Para el rector de la U. Católica, Ignacio Sánchez, “es vital mantener el criterio de calidad para asignar las becas, medida en los antecedentes del postulante y de la universidad en que realizará los estudios”, y agregó que en Chile hay muchos programas, en especial de doctorados, “que están a nivel internacional. Por esto, los becados deben asistir a universidades y programas que sean superiores a los que se imparten en Chile, para poder entregar su aporte científico, artístico y profesional a la vuelta”.

Desde el Parlamento, la diputada Karla Rubilar (Amplitud), quien forma parte de la Comisión de Ciencia y Tecnología, subrayó que esto es una “flexibilización” de los requisitos: “Actualmente tenemos el problema de que cuando los becados vuelven les es muy difícil encontrar trabajo. Hay un montón de becados de las mejores universidades del mundo que no encuentran trabajo porque hay cupos limitados,ni pensar lo que va a pasar con quienes ni siquiera están en las mejores universidades del mundo”, señaló.

A su crítica se suma la de Jaime Bellolio (UDI). “Es una señal equivocada. Yo habría avanzado en otra dirección: si un estudiante queda en un programa elegible, que está entre los 50-100 mejores del mundo, inmediatamente debería tener la beca. Esas Ues.  tienen un mejor sistema de selección que el nuestro”, subrayó el miembro de la Comisión de Educación, y agregó que “sería completamente equivocado dar recursos al extranjero para programas que tienen menor evaluación o calidad que en Chile”.

El presidente de la Comisión de Educación y también miembro de la de Ciencia y Tecnología, Alberto Robles (PRSC), dijo que “alguien tiene que dar explicaciones por esto, no se entiende la razón. No tiene sentido mandar a nuestra gente a instituciones de formación menor o que no se puede acreditar bien su calidad”.

Daniel Portales, director Programa Formación de Capital Humano Avanzado de Conicyt, aseguró que “estar aceptado en un programa o institución registrada en dichos rankings constituye sólo una recomendación, pero nunca ha sido un requisito excluyente para los postulantes”. Además,  subrayó que no es una modificación en los requisitos, sino un “cambio en la redacción del documento para explicitar que es deseable que sus programas y/o universidades estén rankeados, pero que no es obligatorio”.

Mauricio Sáez, director de la Asociación Nacional de Investigadores de Posgrado, apoyó el cambio de Conicyt, argumentando que siempre “ha existido flexibilidad en este punto” y explicó que, por ejemplo, “en algunos casos si no estaba tu programa en el ranking, se permitía que el patrocinante de la tesis del postulante fuera un científico destacado”.

Para él, el verdadero problema está en que “no queda claro si tiene mejor puntuación estar seleccionado en una universidad de estos rankings, porque te dice que es deseable, pero no te dice cuantos puntos más puede significar”.

Fuente: La Tercera

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Oportunidad Laboral: Investigador en Ciencias Sociales

Se busca profesional titulado en ciencias sociales, con experiencia comprobable en publicaciones como primer autor, para apoyar un proceso de investigación entre agosto y enero de 2017 (6 meses). El puesto está pensado para colaborar de manera autónoma, en gran parte no presencial, por lo que postulaciones fuera de la región de Valparaiso son también muy bienvenidas.

La renta bruta son $500.000 contra boleta de honorarios e informe mensual de actividades. La fecha máxima para postular es el viernes 1 de julio hasta el mediodía. Interesadas/os por favor seguir estrictamente las instrucciones para postular indicadas en los términos de referencia.
Cualquier consulta la pueden dirigir a mi directamente al correo cpinto@uvm.cl
28Jul/16

Encuesta de apreciación de plataforma DataCiencia

 

Encuesta de apreciación de plataforma DataCiencia de CONICYT

El 19 de julio del 2016 se lanzó oficialmente la plataforma DataCiencia de CONICYT, la cual se puede visitar en el siguiente link dataciencia.conicyt.cl. Esta nueva plataforma ofrece una mirada dinámica y ágil del sistema nacional de CyT, dando la oportunidad a instituciones públicas y educacionales, investigadores, académicos y público general, de conectarse con información que revelará redes y cruces de datos, de manera simple e intuitiva.


La presente encuesta fue desarrollada por el Centro de Estudios ANIP y busca recoger la opinión de los investigadores científicos, académicos y público general acerca de las herramientas e información ofrecida a través de la plataforma. El objetivo de esta encuesta es corroborar la validez de la información presentada en la plataforma, evaluar las herramientas de visualización que se ofrecen y fomentar el uso de este tipo de plataformas por la comunidad.
Institución donde estudia/trabaja:
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¿Cómo evalúa la exactitud de la información presentada en la plataforma DataCiencia de CONICYT?*
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