12 de septiembre de 2010 | Prensa
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La riqueza de los chilenos está en su gran diversidad genética

Aporte de antepasados indígenas, europeos, africanos y asiáticos sigue presente. Ser una población heterogénea permite a los habitantes de esta larga y angosta faja de tierra adaptarse con más facilidad a los cambios en el medio ambiente y facilita su supervivencia.

Por Pamela Elgueda Tapia

Negar el ancestro indígena es común entre los chilenos, por muy morenos y bajos que sean y aunque su sangre del grupo 0 los delate. Y ni pensar en un antepasado africano o chino. La mayoría tiene un tatarabuelo español o europeo y eran “rubios” cuando chicos.

Pero la verdad es que Chile es una población multiétnica y, desde un punto de vista biológico, muy diversa. O sea, el conjunto de variaciones de genes que forman la población del país es heterogéneo y “eso es muy positivo”, acentúa el doctor en ciencias e investigador del Instituto de Alta Investigación de la Universidad de Tarapacá, así como de la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile.

Con más de 500 años de historia y 200 de vida republicana, los chilenos pueden decir con satisfacción que llevan en el cuerpo una diversidad genética que los hace más adaptables a los medio ambientes cambiantes.

“Una población pobre en esto tendrá menos herramientas para adaptarse genéticamente a cambios bruscos en el entorno donde vive”, agrega el investigador, quien lleva 30 años indagando en los genes de los chilenos.

Algo que no se puede obviar en el contexto del cambio climático que vive el planeta, resalta el doctor en genética y académico de la Universidad de Los Lagos, Gonzalo Gajardo. “No hay razas mejores ni peores, sino que hablamos de la diversidad genética. Ahí está la riqueza”, agrega el presidente del XIV Congreso Latinoamericano de Genética, que se realizará entre el 1 y 5 de octubre en Viña del Mar.

Los chilenos del siglo XXI tienen ancestros diversos, donde resalta la herencia indígena. “Los estratos altos de la población chilena tiene 20% de genes indígenas, lo que no es despreciable, mientras los más bajos llegan hasta el 56%”, comenta el doctor Rothhammer.

En Santiago, se ha visto que el ADN mitocondrial, la información genética transmitida sólo por la madre, tiene 84% de origen indígena. “Durante los primeros 50 años acá, los españoles tenían hijos con mujeres nativas, porque no había españolas. Recién después de ese tiempo comenzó la mezcla étnica y biológica entre los distintos inmigrantes que llegaron a Chile”.

Esa herencia indígena hace que las chilenas sean más bajas de estatura y tengan una alta frecuencia de cálculos a la vesícula.

Otra fuente genética está en los esclavos africanos, que tuvieron una concentración importante en el Valle del Elqui (trabajando en las tierras de la Compañía de Jesús), en Lluta y Azapa. “En Elqui encontramos un porcentaje de 8% a 12% de genes africanos, y en Santiago también dejaron su impronta genética”, comenta el investigador.

No se puede olvidar a los esclavos chinos en el norte, así como a las oleadas de colonos llegados en los siglos siguientes: croatas en Antofagasta y Punta Arenas, ingleses en Valparaíso, los árabes en Santiago, alemanes e italianos en el sur.

Un ejemplo: el grupo sanguíneo B es escaso en el mundo, pero el gen que lo origina está presente en árabes y croatas. De ahí su presencia en habitantes de la capital y de Magallanes.

Así como hay influencia en las características biológicas, también la hay en el carácter. “Hay bastantes estudios que demuestran un ascendiente genético en la conducta humana”. Pero esa influencia, agrega, se da por un conjunto de genes que interactúan entre ellos y con factores externos, como el ambiente familiar, el espacio cultural y social.

Luego, no es llegar y decir que la testarudez es propia de los genes indígenas o la parsimonia de los asiáticos. “El estudio científico de la conducta humana es uno de los más complejos y no puede partir de prejuicios. Lo más importante es hacerle ver a la población que los inmigrantes deben ser bienvenidos por su aporte cultural y biológico”, concluye el doctor Francisco Rothhammer.

El gen minero

El doctor en genética Gonzalo Gajardo reflexiona acerca de la capacidad de los 33 mineros atrapados en la mina San José para sobrevivir y mantenerse serenos los 17 días sin contacto con el exterior.

“Es claro que tienen características ventajosas para sobrevivir en condiciones extremas. Capacidad de tolerancia, de organización, actitud positiva, características que tienen que ver con los genes, aparte de la influencia ambiental”.

Fuente: El Mercurio – 12 Septiembre 2010

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