Becas Chile, CONICYT y la nula existencia de programas de inserción

Investigadores chilenos comparten sus experiencias de cómo es volver a Chile después de estudiar en el extranjero

10 de julio del 2016

En 2008, Carolina Ramírez, ya egresada de sociología de la Universidad Católica, había decidido estudiar un doctorado en sociología visual, en la Universidad de Londres. Tenía el convencimiento de que debía hacerlo si es que quería seguir una carrera académica. Fue parte de la última generación de la beca Presidente de la República, que ese año benefició a 109 postulantes a doctorados.

El año 2009 se eliminó ese programa y fue reemplazado por Becas Chile. Con el cambio, el número de becados se cuadriplicó: 444 personas se fueron ese año al extranjero a estudiar doctorados y 669 a estudiar magísteres. Un total de 1.113 beneficiados. 

 

El programa de Becas Chile ha jugado un rol clave en la formación de investigadores de postgrado desde su creación el año 2009. Según estadísticas de CONICYT, ha financiado los estudios en el extranjero de cerca de 5.400 investigadores de Magister y Doctorado (Ver estadística en Becas Chile Doctorado y Becas Chile Magister).

Evolución de Becas de Chile para Doctorado

Según las bases del programa publicadas por el Gobierno de Chile el 23 de octubre del año 2008, el objetivo de Becas Chile es formar capital humano avanzado en todas las áreas del conocimiento, sin excepción, para que los graduados, a su regreso a Chile, apliquen sus conocimientos y contribuyan al desarrollo científico, académico, económico, social y cultural del país.

Desde la creación del programa Becas Chile, diversas voces del mundo académico y político han sugerido una revisión profunda del programa Becas Chile. El año 2011, un comité conformado por miembros de la OCDE y el Banco Mundial publicaron un informe donde identificaban cuatro áreas de preocupación: su integración estratégica con las prioridades nacionales, la atracción y reinserción de graduados a Chile, la integridad y eficiencia operativa del programa en su conjunto, y los cambios de política y reestructuraciones institucionales que más convengan al desarrollo del capital humano avanzado en Chile.

A mediados de 2012, Ana Olivares, entonces de 39 años, psicóloga de la Universidad Diego Portales, estaba en pleno preparativo para dar un gran salto en su vida. Había quedado aceptada en un magíster en dinámica organizacional en la Universidad de Pensilvania, Estados Unidos. También se había adjudicado una beca Chile. Partiría con su marido y sus dos hijas, de 4 y 11 años, a vivir algo nuevo: a perfeccionarse.

En Pensilvania se ganó el premio a la mejor tesis de su generación, el premio al liderazgo y le dieron un trabajo con sueldo en la universidad. Por lo mismo, optó por quedarse un tercer año que la beca le permitía. Hasta que llegó el momento de regresar.

Antes de volver, mandó más de treinta currículos a Chile, por correo y a través de sitios webs de empleo. No recibió ninguna respuesta.

Mauricio Sáez, director de la Asociación Nacional de Investigadores en Posgrado (ANIP), considera que para la cantidad de becas que se dan no hay una planificación a largo plazo. “No hay una planificación de cuántas personas doctoradas necesita Chile, cuántas estamos generando, y cuántas de las que se necesitan realmente se pueden emplear en investigación”, dice.

Para este reportaje se consultó a Conicyt sobre cifras y programas de inserción de los que regresan al país tras estudiar con Becas Chile, pero prefirieron no contestar. Solo explicaron que están revisando el tema de la retribución de los becarios y políticas de inserción, recogiendo antecedentes y proponiendo algunos cambios al respecto.

Basado en el artículo “Volver a Chile tras estudiar en el extranjero” publicado en la Revista El Sábado del Mercurio el día 9 de julio de 2016 por la periodista Antonia Domeyko.

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