Investigadores chilenos en el mundo forman ReCh.

Nota Aclaratoria: Después de varios intentos, a lo largo de los años, investigadores chilenos en el mundo han conformado “Redes Chilenas de Investigadores” –ReCh– . Alguno de sus protagonistas son los mismo que varias veces se han reunido con Becas Chile y Conicyt para modificar el decreto 664.

La diáspora científica

Autor: José Miguel Jaque
Por primera vez los becarios chilenos en el extranjero formaron una sola agrupación. Se llama Redes Chilenas de Investigadores (ReCh) y quieren participar en la política pública sobre ciencia y flexibilizar las reglas de las becas. Hace dos semanas tuvieron su estreno en sociedad. Aquí los presentamos.
La diáspora científica

Raúl Cortés (36) es biólogo marino. En 2010 se fue a Barcelona a estudiar un magíster en Acuicultura gracias al programa Becas Chile de Conicyt y luego hizo un doctorado con una beca que le dio el Instituto de Acuicultura de Torre de la Sal, en España. Volvió a Chile a comienzos de este año con ganas de trabajar en una universidad o un laboratorio, pero no le ha ido bien. “Había escuchado que hay demasiados investigadores y pocas vacantes, pero no creí que iba a ser tan difícil”, dice.

Él pensó que haberse especializado en cómo se alimentan los peces que están sometidos a una alta densidad le daría una oportunidad en las salmoneras, pero “la industria no se interesa en los investigadores”, dice. Hoy vive en la casa de sus papás en Chillán y está sin trabajo. Después de cinco años en el extranjero, cuando volvió le llamó la atención cómo aumentó la cantidad de autos en esa ciudad y piensa que podría haber estudiado técnico automotriz en vez de su doctorado en Acuicultura. “Yo creo que me iría mejor. De hecho, si me preguntan, recomendaría ir a estudiar afuera algo técnico en vez de científico”, dice.

Raúl está viviendo una realidad que inquieta a los becarios que se están perfeccionando en el extranjero: a qué van a volver a Chile. Daniela Díaz (28), estudiante de un doctorado en Biomedicina en la Universidad de Barcelona, dice que “todo el mundo está hablando de esto y no puedes hacerte el tonto con el tema”, mientras que Ítalo Cuneo (31), quien sigue un PhD en Horticultura y Agronomía en la Universidad de California Davis, en Estados Unidos, se queja de que no existe una política estable y continua de inserción laboral de investigadores, y agrega que el problema va a empeorar, porque la gran ola de estudiantes en el extranjero se fue entre 2011 y 2013, y todavía no regresa al país.

Ítalo no se quedó en la queja. Él y su compañero Félix Bacigalupo, también de la UC Davis, mandaron más de 30 cartas a La Moneda, al Ministerio de Educación, a Conicyt y a cada miembro de la comisión de Ciencia y Tecnología de la Cámara de Diputados pidiendo modificar el Decreto 664 que rige las Becas Chile y flexibilizar algunas reglas.

Primero, los becarios pretenden que se extienda de dos a cuatro los años de gracia para obtener el grado de doctor y volver al país, y de uno a dos años para los estudiantes de magíster. Hoy, Conicyt les da dos y un año de gracia, respectivamente. Los estudiantes argumentan que hay varios países donde los programas de doctorado duran, en promedio, seis o siete años, y el tiempo que les impone Conicyt no les alcanza.

Argumentan que ese cambio ya se hizo con las becas nacionales hace un año –desde el año pasado, los becarios tienen cinco años para obtener el grado académico contados desde el término de la beca- y quieren la homologación.

Otro punto que piden es analizar nuevas fórmulas para retrubuir al Estado lo que invirtió en su beca. “Tal como está la norma hoy, te exigen volver, pero no te dicen a qué. O sea, puedo volver a jugar paletas en la playa y estaría cumpliendo”, dice Cuneo.

También explican que si un becario de magíster quiere cursar un doctorado o, a su vez, uno de doctorado quiere seguir perfeccionándose con un posdoctorado, está obligado a postular a otra beca Chile. “Si te ofrecen hacerlo con fondos extranjeros no puedes hacerlo. Es lógico que se debiera permitir”, dice Bacigalupo.

La red chilena de la Universidad California Davis, en EE.UU.

La red chilena de la Universidad California Davis, en EE.UU.

Luego de mandar las cartas, los becarios UC Davis tuvieron una respuesta casi inmediata del diputado Enrique van Rysselberghe, quien les consiguió un espacio para exponer en la comisión a los pocos días. Ahí les pidieron redactar un proyecto de acuerdo. “No lo podemos escribir solos”, pensaron Cuneo y Bacigalupo, y contactaron a las otras redes de estudiantes chilenos en el extranjero.

Ese fue el puntapié inicial para la creación de Redes Chilenas de Investigadores (ReCh), que reúne a 15 grupos de investigadores chilenos en países como Estados Unidos, España, Holanda, Inglaterra y Australia. ReCh hizo su aparición oficial hace dos semanas durante la conferencia Encuentros Barcelona, donde estaba invitado Christian Nicolai, director ejecutivo de Conicyt, con quien tenían agendada una reunión, pero Nicolai no asistió porque acá se está discutiendo el presupuesto de Conicyt.

Los 14 representantes de ReCh se juntaron entonces con Patricio Espinoza, jefe de gabinete de Nicolai, y Fabiola Cid, subdirectora de Atención y Seguimiento de Becarios del Programa Formación de Capital Humano Avanzado.

Cuneo explica que no se agruparon con el fin de pelear por cualquier cosa: “Somos gente seria, que estudia doctorados o magísteres, dispuesta a hacer un trabajo a largo plazo y vamos a aportar con propuestas”. Actualmente tienen varias comisiones trabajando en ellas. Según él, la gente de Conicyt les comentó que los cambios al Decreto 664 tienen un 90 por ciento de avance y que están abiertos a recibir ideas sobre reinserción y retribución de los becarios, tomando en cuenta que sólo el próximo año tienen que volver al país cerca de 500.

En ReCh aseguran que “quieren devolver la mano” al país, pero proponen crear una política de retribución “eficiente y bien pensada”. “Volver a Chile a manejar Uber es muy frustrante después de haber estudiado afuera”, dice Alexia Núñez, de Nexos Chile-USA, quien forma parte de la comisión que estudia propuestas. Ella plantea que los investigadores pueden aportar desde el extranjero teniendo una filiación académica con una universidad chilena para promover el intercambio de conocimiento, de estudiantes y de profesores. También se pueden generar colaboraciones científicas entre distintos centros de investigación, hacer tutorías de tesis de pre y posgrado, además de cursos y talleres en Chile. En ReCh también están elaborando una hoja de ruta que permita aumentar la inversión en I+D del país a un dos por ciento del PIB de aquí al 2030.

Francisco Brieva era presidente de Conicyt cuando se hablaba de modificar el Decreto 664. Según él, si bien la estructura de los programas de becas debe ser actualizada, quienes acceden a ellas conociendo de antemano las reglas, después se quejan de que no les gustan las condiciones. “Muchos jóvenes sienten que estas becas son un premio al talento o a la excepcionalidad, y se confunde la noción de responsabilidad porque, así como está planteado, este no es un premio, es una apuesta que hace el Estado y por el que exige retribución”, dice.

Los montos que pone el Estado en estos becarios no son pocos, tomando en cuenta el acotado presupuesto para ciencia. Sólo en 2015 para los estudiantes de doctorados la cifra alcanzó a 32 mil millones de pesos (el doble que hace cinco años) y para magíster, 19 mil millones de pesos. Eso quiere decir que el país está gastando, en promedio, 57 millones de pesos por cada becario que se está doctorando y 33 millones de pesos por quien estudia un magíster. ¿Debe además el Estado asegurarles un cupo laboral si los prepara en el extranjero? Brieva cree que sí, al menos por ahora: “Si en esta etapa primaria del desarrollo científico no se realiza este esfuerzo, no vamos a avanzar y seguiremos siendo mediocres. Ese es el drama”, dice.

Por su parte, Ítalo Cuneo responde que el programa de becas es una política de inversión país y si no logran insertarse, el Estado no capitaliza su inversión. “Yo te aseguro que los becarios de mi generación quieren volver a Chile y ojalá impactar al mundo público desde la ciencia”, explica.

¿CÓMO LO HACEN LOS OTROS?

Francisco Brieva explica que en los países desarrollados, como Estados Unidos, no existe el esquema de becas del Estado para financiar doctorados, y son los centros de investigación o laboratorios los que financian al investigador mientras hace su doctorado trabajando en ese centro.

Brasil tenía un criterio similar a Chile, pero hace tres semanas flexibilizó el compromiso de volver al país, siempre y cuando los becarios -30 días antes de la fecha de retorno- presenten un proyecto de desarrollo científico que es evaluado por un comité que aprueba o no la decisión de posponer el retorno del becario. La justificación de este cambio, explica Roxana Chiappa, candidata a doctora en Educación Superior de la U. de Washington, tiene que ver con que hay un gran número de personas que no estaba cumpliendo con el criterio de regreso inmediato.

En Argentina, el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva tiene el programa Raíces, cuyo propósito es fortalecer las capacidades científicas del país por medio de políticas que buscan el retorno de investigadores argentinos residentes en el exterior, la vinculación laboral con ellos y la permanencia de los que ya están en el país. El programa ha repatriado a más de 1.200 científicos financiando proyectos locales de investigación.

Fuente: La Tercera

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