Becas Chile, “estudiantes de postdoctorado” y políticas mal enfocadas

Los investigadores doctorales y postdoctorales son científicos que aportan al conocimiento. Necesitamos crear las condiciones para que puedan trabajar eficazmente en Chile y no subsidiar su trabajo en el extranjero para después obligarlos a volver sin tener oportunidades.


Por Andreas Reisenegger, Académico del Instituto de Astrofísica de la U. Católica de Chile

En cierto modo, los científicos “estudiamos” toda la vida. Nuestro trabajo consiste en tratar de entender la naturaleza o los fenómenos humanos, y hacerlo en profundidad. Para esto, necesitamos mantenernos al tanto de lo que hacen otros, para construir sobre esto y de esta manera ir descubriendo y comprendiendo nuevos aspectos nosotros mismos. Por supuesto, esto no significa que seamos siempre “estudiantes”, en el sentido más restringido de la palabra.

Cuando salimos de 4o Medio y queremos ser investigadores científicos, partimos con una “Licenciatura”, de unos cuatro años. En ella somos estudiantes propiamente tales: Tomamos ramos como Cálculo, Programación, Física Cuántica y Astrofísica Estelar, vamos a clases, hacemos tareas, damos pruebas, participamos en experiencias prácticas, y al final nos graduamos de Licenciados en Astronomía, Química u otra ciencia.

Seguimos con un Doctorado (a veces precedido de un Magíster). Aunque hablamos de “estudiantes de doctorado”, en esta etapa ya somos bastante menos “estudiantes” que en la anterior. Dependiendo del país, la universidad y el área de especialización, el doctorado puede incluir algunos ramos y pruebas o a veces nada (en especial en Europa), pero nos enfocamos principalmente en hacer investigación, publicando resultados novedosos en revistas científicas internacionales. Aunque normalmente supervisado por un investigador con experiencia, el doctorando ya es un científico que aporta a la investigación de la institución donde se encuentra. En muchos casos (en Astronomía y Física casi siempre) recibe un pago (llámese “beca” o “sueldo”) de parte de la institución o de una agencia estatal del país que lo acoge –y sin duda es justo que así sea–.

Aun así, dada la fuerte competencia dentro de la comunidad científica, un doctorado reciente rara vez encontrará un puesto de trabajo permanente en una institución de prestigio. Normalmente es contratado como “investigador postdoctoral” por unos dos o tres años, durante los cuales seguirá haciendo investigación y dándose a conocer en su área. Sólo tras varios años en este tipo de puestos, y mostrando su productividad, el científico puede aspirar en forma realista a una posición permanente como académico en una universidad o como investigador de planta en un observatorio o instituto de investigación.

Por lo menos, así es como funciona en países desarrollados, y la mayoría de los científicos establecidos en Chile pasamos por un proceso similar durante nuestro doctorado y período postdoctoral en el extranjero.

Sin embargo, hace un tiempo, y con el propósito de incentivar la ciencia chilena, se creó el programa “Becas Chile”, que entrega numerosas becas pagadas por el Estado de Chile a científicos jóvenes para que vayan al extranjero como estudiantes de doctorado y “estudiantes de postdoctorado”. (Esta última es una expresión absurda, pero usada en documentos oficiales, que indica que no se está entendiendo que estas personas están creando conocimiento y no estudiando para un –inexistente– grado de “postdoctor”). Estos becados deben volver para retribuir el financiamiento de su “estudio”, permaneciendo en el país por un período extendido, tengan o no trabajo, e independiente de las oportunidades que estén perdiendo en otros lugares.

Es decir, Chile subsidia (mediante “mano de obra” –o “cabeza de obra”– calificada) la ciencia de países desarrollados, mientras la inversión local no es suficiente para que estas mismas personas, u otras interesadas, puedan hacer ciencia en Chile. Y claramente es por desconocimiento, no por falta de voluntad.

Fuente: Emol.com

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