La Ciencia en el banquillo

Hace unas semanas salió a la luz un interesante y sorprendente caso que toca directamente a la comunidad científica, y que nos hace reflexionar sobre la importancia que tiene nuestra labor con la ciudadanía, en la toma de decisiones, y más preocupante aún, cómo esta puede ser tergiversada ante intereses políticos o económicos, o por grupos anti-ciencia.

El investigador superior del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Tecnológicas (CONICET) de Argentina, Dr. Ricardo Villalba,fue acusado de abuso de autoridad por el juez federal de Buenos Aires, Sebastián Casanello. La acusación contra el Dr. Villalba fue levantada por La Asamblea Ambientalista “Jáchal no se toca”, quien lo acusa de no cumplir con la ley nacional de glaciares, la cual protege a todos los cuerpos de hielo sin distinción de tamaño. Esto debido a que el Dr. Villalba y su equipo del Instituto de Glaciología, Nivología y Ciencias Ambientales (IANIGLA) de CONICET que lideró el Inventario Nacional de Glaciares (ING), determinó definir cómo glaciar solo a aquellos cuerpos de hielo cuya superficie sea superior a 1 ha.

Algunos grupos ambientalistas y el juez Casanello acusan a Villalba de omitir de forma deliberada glaciares más pequeños, favoreciendo la operación de la minera Veladero de la corporación Barrick Gold en la provincia de San Juan, y por tanto tener responsabilidad por los derrames que esta ha generado sobre cuerpos de hielo menor a 1 ha. El falló en contra del Dr. Villalba, determinó arraigo nacional y un embargo de bienes que asciende a los 286 mil dólares mientras se desarrolla el juicio. El Dr. Villalba interpuso un recurso de protección ante el fallo del juez Casanello, el cual a la fecha se encuentra en evaluación.

El Dr. Villalba es reconocido por sus pares como un investigador de amplia e intachable trayectoria, destacado a nivel mundial en el estudio del cambio climático. Por ello,  colegas de Argentina y todo el mundo mostraron su apoyo al Dr. Villalba, he hicieron eco de la buena calidad del trabajo realizado por el IANIGLA.

Lo paradójico de esta acusación es que el Dr. Villalba fue el precursor de esta ley, y el IANIGLA desarrolló el inventario bajo criterios científicos y técnicos de estándar mundial, aprobadas finalmente por el ejecutivo. Algunos grupo ambientalistas consideran que este criterio es arbitrario y apelan a que contribuye a que la ley no se aplique o sea lo menos proteccionista posible. También se ha sugerido que el IANIGLA recibió presiones para favorecer al sector minero, lo cual podría estar relacionado al retraso en la entrega del inventario para la cuenca del río Jáchal. Sin embargo, no existen pruebas para probar la existencia de dolo por parte de Villalba. A su favor, también está el hecho de que como unidad de investigación no son los responsables de fiscalizar ambientalmente a los privados, y que el mapeo del ING no es excluyente en el deber que tienen las unidades fiscalizadoras y las empresas de velar por la protección de los cuerpos de hielo que mandata la ley.

IANIGLA reconoce que el ING es perfectible, y debe ser actualizado cada cierto tiempo, pero su desarrollo siempre estará sujeto a limitaciones técnicas y presupuestarias que deben ser consideradas antes de juzgarlo. Finalmente, otras situaciones cuestionan el procesamiento. Por un lado, la minera responsable de los derrames en la Provincia de San Juan no fue procesada, ya que el juez Pablo Ortiga dictaminó que el derrame no causó contaminación. Por otro, desde el ejecutivo se discute la posibilidad de hacer modificaciones a la ley de glaciares, posiblemente más permisivas.

 

 

El Dr. Villalba es reconocido por sus pares como un investigador de amplia e intachable trayectoria, destacado a nivel mundial en el estudio del cambio climático. Por ello,  colegas de Argentina y todo el mundo mostraron su apoyo al Dr. Villalba, he hicieron eco de la buena calidad del trabajo realizado por el IANIGLA a través de diversas notas de prensa, inclusive en revistas como Science y Nature, manifestaciones públicas y el envío de cartas a las autoridades científicas de Argentina. Este movimiento ha generado que el fallo del juez sea duramente cuestionado y catalogado de caprichoso, y promovió que CONICET y el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva de Argentina, finalmente declararán públicamente su apoyo al Dr. Villalba y su equipo. Si los criterios utilizados en el ING fueran realmente cuestionables en cualquier sentido, este apoyo masivo no existiría. Sin embargo, aún queda un juicio por delante y esperemos que el buen criterio impere durante este procesamiento.

Este suceso ha trascendido fronteras y levantado la preocupación de la comunidad científica internacional dada su controversia. Estamos ante una situación donde una investigación científica con un fuerte impacto social, ambiental y económico se está viendo desacreditada. Quienes hacemos ciencia conocemos la importancia de trabajar con cautela, utilizando criterios técnicos, éticos y protocolos para que nuestro trabajo sea validado. Sin embargo, aún tenemos la tarea de saber comunicar el por qué y la necesidad de estos criterios, para así evitar situaciones que ponen en tela de juicio la labor científica. También somos conscientes de las limitaciones de nuestro trabajo y la necesidad constante de tener los recursos suficientes para su desarrollo. Sin duda, investigadores y ambientalistas persiguen el mismo fin, que es velar por la protección de glaciares. Pero situaciones cómo la vivida por los colegas argentinos generan desconfianza en la comunidad científica, y van en desmedro del deber social que tenemos.  Como científicos/as ponemos al servicio de la sociedad conocimiento y metodologías generados bajo rigurosidad científica.

A pesar de que este tipo de acontecimientos no sale en los noticiarios, no implica que sea menos importante ni tampoco que no ocurran con cierta frecuencia. Por ejemplo, las investigaciones relacionadas a cambio climático han surgido como temas controversiales en los últimos tiempos, dado que son antecedentes para imponer restricciones ambientales a actividades económicas  y definir políticas públicas. Conocido es el escepticismo que gobernantes o grupos económicos poseen ante las investigaciones que demuestran el impacto negativo que han tenido los gases efecto invernadero sobre el clima durante el último siglo. Este hecho fue una de las causas que gatilló la marcha por la ciencia (https://en.wikipedia.org/wiki/March_for_Science) desarrollada a comienzo de este año y que movilizó a miles de científicos de todo el mundo, con el fin de poner en valor la importancia de ciencia en la vida de las personas, en la toma de decisiones y en el desarrollo de los países. Esto da cuenta de que la comunidad científica está unida y aprendiendo cómo actuar. Otras iniciativas también han surgido ante situaciones de judicializacion de la ciencia. Uno de ello es la asesoría que presta The Climate Science Legal Defense Fund (https://www.csldf.org/), nacida en respuesta a los crecientes ataques legales contra los científicos del clima y la necesidad inmediata de ayudar a cubrir los costos legales de una demanda de este tipo. En el caso del Dr. Villalba, los costos los asume  en forma particular y ascienden a 20 millones de pesos chilenos.

Esta situación puede sonar ajena al contexto chileno, pero que podríamos enfrentar en un futuro no muy lejano. Basta con mirar las áreas estratégicas definidas actualmente por la CNID, (https://masgolesparachile.cl/ ), para darse cuenta  que las futuras investigaciones a realizarse están fuertemente ligadas a los recursos naturales y al desarrollo de política pública en esta materia. Es por esto que hacemos un llamado a la comunidad científica en Chile, a no dejar pasar estas situaciones, apoyar a los colegas argentinos y del mundo, y a comenzar una reflexión sobre  nuestra participacion en politica.

Por: María Paz Peña

 

Más información

Información sobre el caso: https://con-cienciaxnuestrosglaciares.000webhostapp.com/

Página Asamblea Jáchal no se toca: https://www.facebook.com/Asamblea-J%C3%A1chal-No-Se-Toca-1406789662959369/

Scientists in the dock: http://www.economist.com/node/21529006

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